IV.
Efectivamente, sin llegar a la categoría de mitómano, soy un fan de Sherlock Holmes. Y es vicio que os recomiendo.
Sherlock Holmes es un personaje de ficción (para los despistados : Holmes nació de la mente del médico y escritor Arthur Conan Doyle, escocés; sea dicho de paso hay que ver cuántos genios nacieron en la bella Escocia) y en la realidad no existió, como tampoco Watson ni su archienemigo Moriarty, ni la casa en Baker Street 221B, Londres. Con decir que hay una cercana reconstrucción (idealizada) y varias en internet y ni se sabe qué quería decir la B (si Bis o si apartamento B del edificio). Que la gente confunde la literatura con el inventario a fin de año de una tornillería, vamos.
Hay quien dice que el personaje Sherlock se basó en alguien real y hay quien dice que no se encontró con su coetáneo Jack el Destripador por la buena razón de que eran la misma persona. Por mi cuenta y riesgo añado que nada que ver Holmes ni Watson con otro dúo escocés, Dr. Jeckyll y Mr. Hyde (de R.L. Stevenson). Aunque ya se le habrá ocurrido a alguien emparentarlos indubitablemente.
Eran los tiempos de la Reina Victoria, emperatriz de las Indias, paradigma del puritanismo (aunque dicen que ella fue garrida moza y después). La época del grandioso Imperio Británico, la Revolución Industrial, nacida británica, en todo su apogeo, Londres la mayor ciudad del mundo ...
Vestir largo de las damas, tweed los caballeros cuando no de largo o etiqueta, coches a caballos, apenas automóviles comenzando a circular por la izquierda, trenes desparramando hollín por doquier. Una época de lo más rrrromántica, inclusive las apariciones de otro escocés, Nessie, el presunto monstruo del Loch Ness.
|
|